La prosa llena cada esquina,
el verso poetiza
cada hueco
y mientras tanto
desenpolvo
versos acumulados
llenos de fronteras
entre el hoy y el luego
y luego
el sueño.
"Me gustaría vivir de la poesía
para no tener que vivir del cuento"
Versos cotidianos al otro lado del espejo del CHICO DE LA CONSUELO
La prosa llena cada esquina,
el verso poetiza
cada hueco
y mientras tanto
desenpolvo
versos acumulados
llenos de fronteras
entre el hoy y el luego
y luego
el sueño.
Empiezo diciendo,
que nunca me han gustado los cómics
ni las historias de ciencia ficción;
no les termino de ver la gracia a enredaderas gigantes
ni a seres babosos y peligrosos como los de la vida real.
Quizá sea porque ya he renunciado, hace tiempo, a que los súper héroes
puedan salvar a la humanidad del mal.
Y todo esto lo digo por diferenciar la critica al genero
de la crítica al libro de Juan R.Merida.
"El último hogar" es un libro entretenido
y que de aventura en aventura
te lleva de forma callada a los temas de siempre:
la lucha entre el individuo y el colectivo,
entre la utopía y la praxis
entre el sacrificio de lo propio frente al bien común.
La difícil moral de lo castrense
y la reivindicación de lo civil
y sobre todo como en Lorax
la búsqueda siempre del color frente a lo gris.
El libro es un comic con palabras y así hay que verlo y leerlo
son pequeñas historias que van creciendo
a su aire y sin control,
leedlo si os gusta las viñetas de ciencia ficción.
Es cierto que en mi opinión quizás haya
demasiadas páginas, demasiados personajes
párrafos a veces sobrantes que te sacan de la historia
pero si consigues no tomar falsos caminos
la novela es divertida, muy divertida, yo al menos me he enganchado.
Buen inicio de papa cangrejo
y la esperanza de que sea capaz de amputar
los brazos desbocados de la hiedra del verbo
cuando le amenacen con secuestrar el libro.
La tristeza nos empuja y argumenta nuestras frases
inspira nuestros versos
pero sin querer
nos mete en espirales sin salida
porque poco a poco la tristeza se nos apodera
y termina por consumir las letras
como la madrugada consume las viejas ascuas
de la noche de ayer.
"Voz en off" es un buen libro, un libro sobresaliente,
pero en mi opinión, la tristeza se apodera en demasía del verbo
y no deja espacio para el aliento compartido.
Laura Gonzalez escribe, como siempre
al dictado de lo que siente,
tan intimo, tan precioso en su crueldad,
tan sin respuesta.
Las estaciones pasan en una búsqueda
de veranos sin soles y otoños sin hojas
y nos ponemos en la piel de la autora
paseando por las calles de un sobrevalorado Paris
en una tarde de lluvia.
y entonces, casi sin querer
regresa a caminos sin farolas,
toboganes desde lo alto
paisajes sin salida.
Leed este libro
leedlo con pastilla,
esa que nos regalan los días de abril
cuando pensamos que no volverá a salir el sol.
sin prisa, disfrutando
con la limpieza de esa primavera
que no empieza..
Otros post sobre la autora:
Qué tiempo el que precede al cambio,
qué silencio el que precede al ruido,
qué soledad espera
ahora que nada pasa sin precedente
y lo trascendente se hace efímero.
Y es que
lo más importante rara vez requiere aviso.
y entre tanto,
ese dialogo interior implacable, que te recoloca ante
cualquier pretensión irrealista y surrealista
de izar velas para emprender nuevos viajes,
cazar nuevos vientos, atisbar nuevas islas.
Cuando los marzos se alargan
en este adviento lento
y cansino
es la incertidumbre la que se apropia de la demora
en este equinoccio
que apenas logra encajar el sol
entre los callejones
de mi ciudad ventosa y gusanera.
Mi pueblo tiene mala relación con la primavera
quizá porque no sabemos embridar las estaciones intermedias
para que nos argumenten cuentos y poemas.
Vivimos con miedo y desconfianza
este mes germinal temprano
como los niños en la espera del dentista
y el abril a la espera del desyelo.
Una canción bonita, triste y desconocida de La ronda de Boltaña
que me encanta: Mermelada de moras,
escuchad la letra ahora que se asoma san jorge
Y no me había dado cuenta
pero justo detrás suena el vals que acompasó mi boda
pronto hará veinticinco años.
Aun quedan palabras como "pleamar" y "horizonte"
que descansan en el zaguán de entrada
de algunos poemas.
"Infancia, lluvia y mentira"
que de tan comunes se prescinden
reivindicando de pronto una playa donde poder fondear.
Y es que en algún momento hay que echar el postigo
para abrir las noches y cerrar las puertas
por más que hagan tocar la aldaba pidiendo cobijo
en casas de versos nuevos.
Ya os irán a buscar los recuerdos, cuando hiera el relente de los días
ya os rescatarán del secuestro,
ya os darán visado
para el país de los sentimientos cuando falten los nombres.
Las palabras apátridas
flotan en el rincón de las tierras sin norte
esperando viaje en la estación
hacia el sur del sur donde nacen los versos.
En este viernes de noviembre
en el que el frio imprevisto deroga el otoño
leo versos de poetas desconocidos
que aciertan con adjetivos
el dibujo
de lo cotidiano.
Nada extraño, sino descubrir la luz
y el olor. Las calles urbanas,
el vacío voluntario
de ocupaciones intrascendentes
y la añoranza de ti.
Quizás porque la poesía ya no aspira a lo eterno
como el amor y la palabra.
Es el uso diario
el que les regala sentido
de belleza a las
llamadas, papeles, trasiegos sin subrayados
en lo ordinario.
Cosas sencillas que me permiten ir viviendo
sin pensarlo.
Demasiadas transiciones,vigilias y entretiempos,
un febrero sin nieves en este secano sin mar
y ese mirar cansino color de tierra
que ya no cree que vuelva
de nuevo la primavera;
no es tristeza
solo niebla
sin sol
solo
yo
.
.
Esta mañana de domingo acurrucado,
leo libros de poemas de autores homosexuales como
Brines, Alana y Gil de Biedma,
pienso en sus vidas
ordinarias
tras la tramoya de la fama
y los oropeles del éxito.
Pienso en las elipsis de sus versos
para pintar la evidencia disfrazada de sugerencia,
pienso en las sombras de su soledad rimada y privada.
Dos de los poetas y la novelista
han sido incluidos en la lista
de los cincuenta mejores de los cincuenta
de El País.
Escriben muy bien
solo conocía a Brines
que incorporé por intuición a mi versoteca
otra mañana de domingo en Cuesta Moyano
hace años
cuando compré su poesía completa
atrapado por versos leídos al azar
cuando vivía entre tinieblas,
cansancio y desasosiego
y me alumbraba a penas
con la luz fría de un Madrid dominical.
Recuerdo al tercer poeta Anchel Conte y su "Luna que no ye luna"
de una belleza valiente, tierna y sincera
contra el prejuicio de este Aragón de adormecida provincial
(un libro que os recomiendo mucho).
"He vivido cincuenta años en el armario
y después veinticinco en esta jaula de pretendida libertad"
dice el protagonista
que interpreta un genial Jose Ramón Soroiz en Maspalomas.
Y me pregunto, desde lejos, cuantas jaulas
existen todavía en estos tiempos
de pretendida libertad. Jaulas tan desconocidas,
tan lejanas y quizás tan cercanas.
Gil de Biedma me gusta menos, lo reconozco;
Alana espero que no quede en autora de un solo buen libro,
habrá que esperar que se diluya la hojarasca de la verdad oficial.
Qué sorpresa, qué escritura tan limpia, que casi se escriben
solas las palabras en este cuaderno nuevo de luces y poemas.
Parece que se me caigan los versos de las manos. Y es que
no se puede decir sin escribir; pensar sin letras.
No se puede respirar sin vivir
¿O era lo contrario?
La lluvia amarilla no es un libro
de ruralidad y despoblación,
como había oido,
es un libro de locura
sobre la locura que deja la soledad,
un libro egoista,
un libro tramposo, sobre un personaje tramposo
que cuenta lo que quiere sobre sí mismo
y sobre cómo su ser se desvanece
entre el olvido y la lluvia amarilla.
No me ha gustado,
a pesar de que hay frases como versos de un poema
largo que Llamazares construye con maestría.
Demasiados porqués sin respuesta
quizás porque la unica respuesta
es que está solo porque no se trabajó la compañía.
La perra, el hijo, la mujer, la hija, sus vecinos
parecen secundarios irrelevantes
en esa borrachera de yo exagerado
enajenado
que es el libro.
Si quereis hablar de despoblación
escuchad la canción de mis adorados mas birras
mil veces mejor,
debió ser terrible el febrero en el que murió German.