En este viernes de noviembre
en el que el frio imprevisto deroga el otoño
leo versos de poetas desconocidos
que aciertan con adjetivos
el dibujo
de lo cotidiano.
Nada extraño, sino descubrir la luz
y el olor. Las calles urbanas,
el vacío voluntario
de ocupaciones intrascendentes
y la añoranza de ti.
Quizás porque la poesía ya no aspira a lo eterno
como el amor y la palabra.
Es el uso diario
el que les regala sentido
de belleza a las
llamadas, papeles, trasiegos sin subrayados
en lo ordinario.
Cosas sencillas que me permiten ir viviendo
sin pensarlo.

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