Esta mañana de domingo acurrucado,
leo libros de poemas de autores homosexuales como
Brines, Alana y Gil de Biedma,
pienso en sus vidas
ordinarias
tras la tramoya de la fama
y los oropeles del éxito.
Pienso en las elipsis de sus versos
para pintar la evidencia disfrazada de sugerencia,
pienso en las sombras de su soledad rimada y privada.
Dos de los poetas y la novelista
han sido incluidos en la lista
de los cincuenta mejores de los cincuenta
de El País.
Escriben muy bien
solo conocía a Brines
que incorporé por intuición a mi versoteca
otra mañana de domingo en Cuesta Moyano
hace años
cuando compré su poesía completa
atrapado por versos leídos al azar
cuando vivía entre tinieblas,
cansancio y desasosiego
y me alumbraba a penas
con la luz fría de un Madrid dominical.
Recuerdo al tercer poeta Anchel Conte y su "Luna que no ye luna"
de una belleza valiente, tierna y sincera
contra el prejuicio de este Aragón de adormecida provincial
(un libro que os recomiendo mucho).
"He vivido cincuenta años en el armario
y después veinticinco en esta jaula de pretendida libertad"
dice el protagonista
que interpreta un genial Jose Ramón Soroiz en Maspalomas.
Y me pregunto, desde lejos, cuantas jaulas
existen todavía en estos tiempos
de pretendida libertad. Jaulas tan desconocidas,
tan lejanas y quizás tan cercanas.
Gil de Biedma me gusta menos, lo reconozco;
Alana espero que no quede en autora de un solo buen libro,
habrá que esperar que se diluya la hojarasca de la verdad oficial.

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