miércoles, 1 de abril de 2026

Equinoccio

Qué tiempo el que precede al cambio,

qué silencio el  que precede al ruido,

qué soledad espera 

ahora que nada pasa sin precedente

y lo trascendente se hace efímero.

 

Y es que 

lo más importante rara vez requiere aviso.

y entre tanto,

ese dialogo interior implacable, que te recoloca ante 

cualquier pretensión irrealista y surrealista 

de izar velas para emprender nuevos viajes,

cazar nuevos vientos, atisbar nuevas islas. 

 

Cuando  los marzos se alargan

en este adviento lento

y cansino

es la incertidumbre la que se apropia de la demora

en este equinoccio

que apenas logra encajar el sol

entre los callejones 

de mi ciudad ventosa y gusanera.

 

Mi pueblo tiene mala relación con la primavera 

quizá porque no sabemos embridar las estaciones intermedias

para que nos argumenten cuentos y poemas.

 

Vivimos con miedo y desconfianza 

este mes germinal temprano

como los niños en la espera del dentista

y el abril a la espera del desyelo. 

  

Una canción bonita, triste y desconocida de La ronda de Boltaña 

que me encanta: Mermelada de moras,

escuchad la letra ahora que se asoma san jorge

Y no me había dado cuenta

pero justo detrás suena el vals que acompasó mi boda

pronto hará veinticinco años.