Qué tiempo el que precede al cambio,
qué silencio el que precede al ruido,
qué soledad espera
ahora que nada pasa sin precedente
y lo trascendente se hace efímero.
Y es que
lo más importante rara vez requiere aviso.
y entre tanto,
ese dialogo interior implacable, que te recoloca ante
cualquier pretensión irrealista y surrealista
de izar velas para emprender nuevos viajes,
cazar nuevos vientos, atisbar nuevas islas.
Cuando los marzos se alargan
en este adviento lento
y cansino
es la incertidumbre la que se apropia de la demora
en este equinoccio
que apenas logra encajar el sol
entre los callejones
de mi ciudad ventosa y gusanera.
Mi pueblo tiene mala relación con la primavera
quizá porque no sabemos embridar las estaciones intermedias
para que nos argumenten cuentos y poemas.
Vivimos con miedo y desconfianza
este mes germinal temprano
como los niños en la espera del dentista
y el abril a la espera del desyelo.
Una canción bonita, triste y desconocida de La ronda de Boltaña
que me encanta: Mermelada de moras,
escuchad la letra ahora que se asoma san jorge
Y no me había dado cuenta
pero justo detrás suena el vals que acompasó mi boda
pronto hará veinticinco años.