viernes, 26 de mayo de 2017

La poetisa que no quería volar

Nunca he podido resistirme
ante una mujer
que lee libros de poemas
en el muro de un malecón.
Te miraba ensimismado
a la distancia justa
entre tu indiferencia y mi deseo
hasta que me sonreiste
y me hiciste acudir.

Te pregunté que a quien leias
A Gloria, Versos que pasan
Y yo que hasta un instante
te hacía entre Benedetti y Neruda
me maldije
por creer todavía en los reyes magos
y en Audrey sentada en el alfeizar
cantando una canción.

"Todo el pasado se quiere apoderar de mi"
me leiste
"y yo me quiero apoderar del futuro"
te contesté.
Luego te solté
con aire pretencioso
"no soporto que las mujeres no sepan volar"
 
- No seas idiota, me cortaste,
no leas a Girondo
las mujeres tienen que saber follar
deja lo de volar para los pájaros.
Me pilló tan de repente que me quedé callado
mientras tu te reias a dientes llenos.

Sin pensar, me agarraste de la nuca
y me diste uno de esos besos
largos y lentos
llenos de saliva, lenguas y propuestas.

Cuando iba a hablar
me cerraste la boca,
no te preocupes por tu virginidad
(me dijiste a la oreja),
a mi me gustan las chicas,
pero es que me has dado
tanta pena.

Ahora me tengo que ir, me susurraste
mañana quedamos aquí si no tienes problema...

... y desde entonces, cada noche de verano,
a eso de la una y media
quedábamos para contarnos nuestros ligues
y leernos el uno al otro
algún poema.



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