Qué frio
Qué niebla
Qué silencio
Qué oscuridad
Qué sobrealiento.
"Me gustaría vivir de la poesía
para no tener que vivir del cuento"
Versos cotidianos al otro lado del espejo del CHICO DE LA CONSUELO
Abuso de jugar con mi cabeza al futbol
de pincharle para ver si sangra
de lanzarla al aire
a ver si la cojo
de tensarla
de
e
s
t
r
o
p
e
a
r
l
a
como si nunca se rompiera,
qué miedo ver por las grietas
las piezas por el suelo, los cables sueltos, un cadaver sin miembros ni poema
un abismo
hacia lo oscuro
Me duele la mirada
y la tarde
me duele el tiempo frio
y el poema
me duele la mañana
del mañana de mañana
casi tanto como hoy.
Hay quien roza y quien invade
quien disfruta siendo rozado
en su superficie carnal y episexual
en ese roce especial y en especial
llamado beso,
y quien quiere ser invadido o invadida
hasta lo profundo
hasta querer hacer al invasor
parte de su cuerpo
en íntima frontera con su yo íntimo
que se derrama.
Me duelen los ojos por dentro
cansados de leer parrafos desnudos
sedientos de mar y horizonte.
Las ascuas de paisajes quemados
humean escocidas
entre las nieblas y me salen versos sin sentido
con un poso de tristeza.
Qué algoritmo azaroso
une las palabras de mi desencanto,
que carencia presiente la premura
de tu arriendo,
que verdades a la espera
piden un taxi para visitarte.
La luna salpica las noches de estrellas,
porque ya se han suicidado todos los locutores
de madrugada.
Se me van las palabras sueltas
como cimarron buscando nuevos eriales,
vivo en un mundo de preposiciones libres
con ellas, por ellas, tras ellas
cambiando los sentidos con un guiño.
Ya buscaré el banco vacio
cuando atardezca.
Ya nos quedan pocas cosas
sin pintar con palabras. Los amaneceres
urbanos madrugando los horizontes,
los besos en el parque solos y atornillados
las miradas esquivas en el bus
de las mañanas,
rincones que siempre encuentran
un poeta con adjetivos de sobra
para regalarles.
Sin embargo, me miro este jueves
adormecido
encajado entre papel y alabastro,
y no encuentro motivos
para recitarme.
Enseñar es sobre todo
ponerse en el lugar del otro,
del individuo singular,
y hacerse tres preguntas:
¿Qué sabe?
¿Qué no sabe y sería bueno que supiera?
¿Cómo puedo conseguir que lo aprenda?
Quizás os pueda parecer clásico
ahora que el contenido transmitido no existe
y todo se convierte en un descubrimiento dialogado
pero no lo es tanto,
porque es una visión humilde
de salir del ego del enseñante
para incluirse en el del aprendiente.
Solo pensando como piensa el que aprende
puedo plantearme estrategias para enseñar.
Es posible que al final llegue a lo mismo
y que el descubrimieneto dialogado sea el método
pero para ese alumno concreto o ese grupo concreto.
Solo enseño si reflexiono desde su punto de vista
esforzado y complejo
no desde mi supremacia metodologica,
inamovible...
y en muchos casos prejuiciosa y politizada.
Siempre muy marxista (de los de Groucho claro)
porque las cosas hay que verlas
con el extraño sarcasmo de tomarse todo en serio
y a la vez casi todo en broma.
No es cosa de estar de vuelta
sin haber llegado a ninguna parte,
ni de despreciar con burla aquello que los demás estiman,
sino de saber que no hay mayor tonto
que el que se da importancia.
Qué sospechosos son los que no se rien
qué sabios los que saben darle a las cosas
la importancia precisa,
ni más ni menos.
Miro con miedo el tiempo
como si fuera espacio
por recorrer. Ahora que estoy cansado,
busco atajos
para llegar a pasado mañana
saltandome el mañana y el ayer.
Y es que pasado mañana
pierde la prisa
y el plazo
y gana el futuro viendo el camino por hacer.
La complejidad solo admite observancia
por inmersion en la realidad.
Descuartizar la vida en analizar variables
es despedazar el fenómeno de ir viviendo
en monstruos con cara de varianza.